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EL ACEITE DE OLIVA «PURO» - AOVE

Instrucciones

En la cultura hebrea el árbol del olivo simboliza la paz y la felicidad. En el Libro del Génesis se relata que después del Diluvio Universal:

«…Noé esperó otros siete días y, al cabo de ellos soltó otra vez la dpaloma que volvió a la tarde,

trayendo en el pico una ramita verde de olivo». (Génesis. 8, 10-11).

El olivo es uno de los grandes árboles del Mediterráneo. Todas las culturas han venerado su fruto, la aceituna, y su zumo, el aceite (al-zayt), que son considerados sagrados. Para los musulmanes de al-Ándalus el olivo es considerado el árbol de la luz ya que gracias a su aceite se iluminan las mezquitas y los hogares. Con el aceite se confeccionaban jabones añadiendo potasa y cera. Los agrónomos árabes aclimataron especies de olivos del Norte de África (variedad Lucio) resistentes a las seguías e introdujeron variedades diferentes en el amplio territorio de la península y sus diversos climas.

Para los judíos el olivo es una de las 7 especies (Granado, Higuera, Vid, Trigo, Cebada, Olivo y Miel) con las que Dios bendijo las tierras de Israel. Se cultivan olivos en Judea y se extrae su aceite desde hace 5.000 años. En diferentes textos de la Torá se menciona que el olivo simboliza la belleza. Su «Aceite Puro» se emplea para la unción de los reyes de Israel y para la consagración de los sacerdotes.

Para el culto del Templo de Jerusalén el aceite de oliva se aromatizaba con esencias. A los sabios de Palestina y Judea se les conocía como «hijos del aceite». Los judíos lo utilizaban con profusión en la vida cotidiana: en nacimientos y bodas, para masajes, para preparar a los difuntos, para fabricar cosméticos (ungüentos y perfumes) y sobre todo para cocinar.



«…tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel» Deuteronomio 8:8

«…brotarán sus renuevos, y será su esplendor como el del olivo, y su fragancia como la de los cedros del Líbano…» Profeta Oseas (S VIII a.e.c).



Hanuká o Janucá es la fiesta de la inauguración del Templo tras la expulsión definitiva de la ocupación griego-siria de Jerusalén en el siglo II a.e.c. Al llegar al Templo lo encontraron profanado con ídolos griegos en los lugares más sagrados del judaísmo.

La Menorá, o candelabro de siete brazos, que siempre se mantenía encendida en el Templo, estaba apagada. Al quererla encender, con el fin de reiniciar el ritual judío, solo disponían de un pequeño jarrito de aceite que solo serviría para mantener la llama por un solo día. Milagrosamente este aceite alumbró durante ocho días, tiempo suficiente para asegurar el aprovisionamiento de aceite de oliva puro para la lámpara. De este modo, el Templo fue reinaugurado y dedicado nuevamente a Dios. Los estudiosos judíos de aquellos tiempos decretaron que Janucá sería una fiesta de regocijo y alabanzas que duraría ocho días.

Durante las noches de la festividad las familias judías se reúnen alrededor de la janukía, que es un candelabro de nueve brazos, para celebrar la ocasión y recordar el gran milagro. Tras la puesta del sol, se va prendiendo una vela diariamente hasta culminar con todo el candelabro encendido en la octava noche de Janucá. Una de las velas, denominada shamash (servidor), es utilizada para encender las demás velas sin ser contada como luminarias.

En el terreno gastronómico, el aceite de oliva y los dulces fritos son típicos de la fiesta de Januká. En este recetario se puede constatar que buñuelos, borekas, albóndigas, pescados, dulcería y frutas de sartén, todas utilizan como ingrediente básico el aceite de oliva.

Despectivamente los cristianos decían de los judíos que sus ropas estaban impregnadas de un olor penetrante a aceite y que sus mujeres peinaban sus cabellos con unas gotas de él (perfumado de almizcle y espliego). La higiene en sus ropas, que eran lavadas y cambiadas todas las semanas para honrar el Sabat, estaba también ligada a la costumbre de perfumarlas, ya que en el judaísmo el sentido del olfato se considera sagrado.

En hebreo la palabra que significa olor (reaj) tiene la misma raíz que alma (ruaj). La Torá relata que cuando Dios creó al hombre «Sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se volvió un ser viviente» (Génesis 2:7).