Historia

1.- La Leyenda Negra de la historia de España

La historia de España, como la de tantos países, está salpicada de sucesos de los que nadie puede estar orgulloso. Episodios cruentos, injustos y deplorables que cambiaron el destino de millones de personas.

Sin embargo, hay que ser justos con los hechos históricos, analizarlos fríamente y no dar por veraz la «Leyenda Negra» que se cierne sobre la historia de España cuando se habla de La Inquisición (y de otros hechos). Al fin y al cabo, quienes crearon y alimentaron la leyenda negra de la crueldad española, solo tenían un objetivo: disputar a España la hegemonía política y militar. Así fue como Inglaterra, Francia y los Países Bajos emprendieron su interesada guerra de difamación, definiendo a los españoles como despiadados, xenófobos y racistas, como si estos fuesen rasgos ajenos a sus propias políticas como país.

Los historiadores actualmente desmontan, con cifras y argumentos, esta distorsión histórica. Sin embargo, con razonamientos como «otros países también lo hicieron e incluso con más número de víctimas», difícil justificación se puede esgrimir ante los pueblos damnificados.

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2.- Sefarad, mucho más que un territorio

El nombre de Sefarad se menciona en la visión del profeta Ovadiá (Abdías, 1-20): «Y los cautivos de esta hueste de los hijos de Israel, los que están entre los cananeos hasta Sarepta, y la cautividad de Jerusalén, que están en Sefarad», que hace referencia al periodo conocido como cautividad de Babilonia, y a la dispersión del pueblo judío que siguió a la destrucción de Jerusalén en el 586 a.e.c.

Fue a partir del siglo VIII cuando los hebreos de la península ibérica se denominen sephardim. Se debe tener en cuenta que el concepto de nación o país (España) tardará siglos en desarrollarse. Sin embargo, para los sephardim, de Sepharad, ya debió existir un concepto arcaico de unidad comercial-territorial donde definir sus actividades, sobre todo comerciales, pero también religiosas y culturales.

Los judíos de Sepharad tenían un sentir territorial sobre toda la península, al margen del poder político o religioso, ya que vivieron en reinos y califatos, con creencias religiosas cristianas o musulmanas.

La manera de proceder de los sefardíes tiene lógica para un pueblo que venía del Mar y que llevaba conviviendo con conquistadores y culturas diferentes durante siglos. Estaban establecidos en la península desde (al menos) el siglo II. Quiere decir que, durante el primer milenio, al menos, convivieron con los cultos religiosos tartesios, las deidades naturales íberas, el panteón de los dioses romanos y las dos florecientes religiones monoteístas (cristianismo y mahometismo)

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3.- Sephardim: los judíos de Sefarad

La presencia de los judíos en la península ibérica abarca catorce siglos. Para narrar la primera mitad de este tiempo hay que remontarse al comercio del Rey Salomón con la ciudad de Tarsis (S. X a.e.c.) o a los contactos comerciales con las colonias griegas, cartaginesas y fenicias, fundadas en las costas del Mediterráneo. No es hasta época romana (S.II) cuando encontramos pruebas arqueológicas que certifiquen la presencia hebrea.

Se cree que los primeros judíos llegaron en tiempos del primer Templo hebreo (953-586 a.e.c.). Parece lógico pensar que los judíos se establecieron en las ciudades costeras más dinámicas y tolerantes por los intercambios comerciales. Para ello se asentaron en las colonias fundadas por los fenicios, en las costas del sur peninsular. Hacia el siglo IV, según está documentado, las comunidades judías ya estaban establecidas por toda Hispania.

En el edicto de Milán (313), el emperador romano Constantino I se convierte al cristianismo haciéndola religión oficial del Imperio Romano. La Hispania romana no sería una excepción, aunque parece ser que los judíos que ya habitaban la península siguieron gozando de tolerancia de culto, debido a la tradición romana de asimilar religiones en su conquista de territorios.

Los siguientes mil años, los judíos convivieron con romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, culturas que sistemáticamente intentaron imponer su religión dominante, forzando así conversiones con mayor o menor éxito. Todos lo intentaron: los romanos en el 391, los visigodos en el 589, los almorávides en 1090, los almohades (en 1146 y 1231), hasta que finalmente en 1492 la hegemonía cristiana sobre el territorio cambia todo para los judíos y musulmanes habitantes de la península, imponiendo la conversión si se quería evitar la expulsión.

Durante los catorce siglos que los judíos habitaron en Sefarad, la cultura sefardí cambió significativamente, llegó un pueblo de mercaderes y fue expulsado un pueblo de filósofos (phylos: amor, sophia: sabiduría). Es indiscutible que hicieron del saber y la formación en las universidades un activo valiosísimo. Ser los mayores expertos en negociación, idiomas, medicina, matemáticas, cartografía, etc., les abrió las puertas de las élites políticas siglo tras siglo, Abderramán III o Alfonso X fueron algunos de los más destacados.

Una élite de protegidos reales (patrimonio de la corona), los judíos que hasta ahora habían sido consejeros reales, escribanos, cronistas, recaudadores, prestamistas, banqueros, médicos… deberán convertirse al cristianismo o exiliarse. Lo mismo que miles de judíos de todos los estamentos sociales y profesiones más modestas. Esto supondrá para el mundo judío un antes y un después en la historia de Sepharad. 1492 será el momento sin retorno en la historia del pueblo judío que habitaba en los diferentes reinos de la península. Una frontera en el tiempo que marcará para siempre la vida política, económica, social y sobre todo religiosa de Sefarad.

La filosofía creada por sabios nacidos en Sefarad, como Maimónides (S. XII), Isaac ben Jacob Campantón (S. XIV) o Joseph ben Ephraim Caro (S.XV) contribuyeron significativamente a cambiar y evolucionar la cultura hebrea, el estudio talmúdico y la cabalística.

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4.- 1492, el comienzo de la Diáspora sefardí

El Edicto de Expulsión contenía cláusulas abusivas que claramente beneficiaron a la clase alta, nobles y, sobre todo, al clero. Supuestamente todos ellos cristianos viejos. Aunque teóricamente los cristianos debían permitir que los judíos vendieran sus propiedades en términos equitativos, curiosamente al mismo tiempo se prohibía a los judíos llevarse consigo metales preciosos o joyas. El exilio acarreó pagar elevados costes de transporte y exponerse a los peligros del camino. La salida simultánea al mercado de tantas propiedades y de gran calidad hundió los precios. En muchos casos las propiedades eran cambiadas por animales de carga.

La historia nos relata que siglos después los hijos heredaban de sus padres las llaves de las haciendas que habían dejado en Sefarad. Como único legado se llevaron la lengua (el ladino o judeo-español) y los recetarios gastronómicos, que generación tras generación iban pasando de madres a hijas, hasta nuestros días. «En definitiva e irónicamente, la expulsión no logró sus fines más ambiciosos: -se quiere erradicar una creencia, no un pueblo, si bien con el Edicto se produjo un fenómeno inverso: la permanencia del judaísmo en forma de criptojudaísmo y el destierro de los israelitas-. Ni que decir tiene que la historia oficial contemporánea afirmó justamente lo opuesto».

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5.- La Inquisición

Y para velar por la pureza de las nuevas conversiones se creó el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, que fue la encargada de investigar, perseguir y sentenciar a herejes, blasfemos, luteranos, bígamos, brujería, etc. La diferencia de la Inquisición española con respecto a la europea es que en España el Tribunal dependía del poder político (los Reyes Católicos) y no del Papa de Roma (Sixto IV). El Santo Oficio en España, durante los 356 años de existencia (1478-1834), procesó entre 125.000 y 150.000 personas. Sentenciados por judaizar o falsos conversos un 10 %. Procesados no quiere decir que fuesen condenados a muerte (a la hoguera), ya que la mayoría de sentencias fueron sanciones económicas, incautación de bienes o galeras. Algunos investigadores sostienen que fueron ejecutados en la hoguera un 4 % de los condenados.

En total una cifra difícil de calcular en torno a 5.000 ó 10.000, curiosamente algunos en esfinge (se quemaba una figura representando al reo). Se puede afirmar que la gran condena fue el estigma social y el sambenito que persiguió a todos los conversos a lo largo de generaciones, como ocurrió con los xuetas en las islas Baleares.

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6.- La reconquista: la oportunidad para ganar honor y riqueza

Durante el largo periodo (siete siglos) de la mal denominada «Reconquista», cuando realmente fue una conquista, se ensaya una estrategia bélica y a la vez de consolidación del territorio mediante fuertes movimientos migratorios de población.

La singularidad de la península ibérica como territorio expuesto largo tiempo a guerras, asedios y epidemias (como la peste) genera una escasez de población y de recursos. Por esa razón se hace imprescindible expulsar a los habitantes o convertirlos en vasallos del poder Real. Fue más tarde (a partir del siglo XII) cuando las conversiones también son religiosas. A priori, parece una decisión lógica del conquistador, sin embargo, lejos de esta simple idea del destierro hay un entramado ideológico, social y económico con una coartada religiosa.

Mientras la población era escasa se toleraron las libertades religiosas, ya que los judíos, además de contribuir con su trabajo y el mantenimiento de la sociedad, aportaban grandes beneficios económicos a las arcas reales.

La conquista tiene dos efectos: el estático que significa colonizar y posibilidad de obtener botín, ganado, riquezas y vasallos que cultiven la tierra propiedad de los nuevos dueños. Conquistar (guerrear) lleva implícita una parte dinámica, la de correr aventuras. Este concepto aventurero es muy considerado en una sociedad dominada por las órdenes militares, donde las oportunidades de ganar honra y valer más se convierten en la ambición de la sociedad medieval (cristiana y musulmana), basada en la conciencia del honor y los límites que imponía el rango. En tiempos de guerra, el honor y las riquezas se ganaban con la espada, en consecuencia, un rápido ascenso en el estatus social.

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7.- La Sinagoga, vertebradora de la vida social y religiosa

En la sinagoga o en los edificios anejos se podían encontrar una serie de instituciones socio religiosas fundamentales para dar servicio a la comunidad judía: la sede del tribunal rabínico, el baño ritual (mikvé), el hospital y el hospicio para acoger a los viajeros. La sinagoga era el primer lugar que visitaba cualquier judío forastero cuando llegaba a una población. Allí encontraba refugio y asesoramiento.

También funcionaba como punto sobre el que se articulaba el urbanismo de la judería y su configuración jerárquica. La clase pudiente sefardí de la ciudad disponía de asiento en la Sinagoga Mayor y también construía su residencia cerca de ella al igual que todas las personas implicadas en su funcionamiento, como el escriba, el cantor y el rabino.

La lectura de la Torá y su estudio se realiza en la sinagoga, pero la vida religiosa de los judíos continua en muchos actos privados y cotidianos que son acompañados de oraciones y bendiciones (berajot) de agradecimiento a Dios. Muchos de ellos relacionados con las costumbres gastronómicas y las celebraciones en la mesa.

La vida social en las sinagogas era muy dinámica y trascendía lo religioso. Allí se cerraban tratos, se hacían negocios, se concertaban matrimonios, incluso se podía descansar en ella. La sinagoga no era un espacio sagrado al estilo de las iglesias cristianas y se puede considerar un lugar tan social como religioso.

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8.- La aljama o Judería

«La aljama (del árabe:”reunión”, referida tanto a judíos como a musulmanes) tiene jurídicamente un estatus de asociación, y está representada por un responsable, que sirve de intermediario entre los judíos y las autoridades; y aunque una de sus funciones es recaudar impuestos y tasas, también goza de privilegios, como la posibilidad de practicar su religión y arreglar por sí mismos sus asuntos internos, entre otros, los relativos a impuestos y la solución de litigios en materia religiosa, que eran juzgados por un tribunal rabínico.

Estas comunidades judías elaboraron en diferentes ocasiones acuerdos con carácter de ley que regulaban la vida judía de esa comunidad en su ámbito privado y público; son las tacanot (taqqanot) -estatutos-, que permitieron actualizar las normas legales de conducta según la tradición y aplicarlas a situaciones sociales nuevas. Con frecuencia estas tacanot eran adoptadas por otras muchas comunidades….

La administración de las aljamas requería de una serie de cargos públicos que desempeñaban diversas funciones. La máxima autoridad, desde Alfonso X, era el Rab Mayor de la corte, cargo otorgado directamente por el rey a un personaje de reconocido prestigio…. Las aljamas, por su parte, corrían con los gastos de otros funcionarios públicos, como el Rab…, el dayyán o juez, sofer (escribano) o hazzan (cantor), incluso el cargo de maestro (melamed), otro cargo importante en las aljamas era el tabaj, o matarife…». Fuente: Derecho Judío. Dª. Amparo Alba (ISBN: 84-95215-76-4).

1.- La Leyenda Negra de la historia de España

La historia de España, como la de tantos países, está salpicada de sucesos de los que nadie puede estar orgulloso. Episodios cruentos, injustos y deplorables que cambiaron el destino de millones de personas.

Sin embargo, hay que ser justos con los hechos históricos, analizarlos fríamente y no dar por veraz la «Leyenda Negra» que se cierne sobre la historia de España cuando se habla de La Inquisición (y de otros hechos). Al fin y al cabo, quienes crearon y alimentaron la leyenda negra de la crueldad española, solo tenían un objetivo: disputar a España la hegemonía política y militar. Así fue como Inglaterra, Francia y los Países Bajos emprendieron su interesada guerra de difamación, definiendo a los españoles como despiadados, xenófobos y racistas, como si estos fuesen rasgos ajenos a sus propias políticas como país.

Los historiadores actualmente desmontan, con cifras y argumentos, esta distorsión histórica. Sin embargo, con razonamientos como «otros países también lo hicieron e incluso con más número de víctimas», difícil justificación se puede esgrimir ante los pueblos damnificados.

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2.- Sefarad, mucho más que un territorio

El nombre de Sefarad se menciona en la visión del profeta Ovadiá (Abdías, 1-20): «Y los cautivos de esta hueste de los hijos de Israel, los que están entre los cananeos hasta Sarepta, y la cautividad de Jerusalén, que están en Sefarad», que hace referencia al periodo conocido como cautividad de Babilonia, y a la dispersión del pueblo judío que siguió a la destrucción de Jerusalén en el 586 a.e.c.

Fue a partir del siglo VIII cuando los hebreos de la península ibérica se denominen sephardim. Se debe tener en cuenta que el concepto de nación o país (España) tardará siglos en desarrollarse. Sin embargo, para los sephardim, de Sepharad, ya debió existir un concepto arcaico de unidad comercial-territorial donde definir sus actividades, sobre todo comerciales, pero también religiosas y culturales.

Los judíos de Sepharad tenían un sentir territorial sobre toda la península, al margen del poder político o religioso, ya que vivieron en reinos y califatos, con creencias religiosas cristianas o musulmanas.

La manera de proceder de los sefardíes tiene lógica para un pueblo que venía del Mar y que llevaba conviviendo con conquistadores y culturas diferentes durante siglos. Estaban establecidos en la península desde (al menos) el siglo II. Quiere decir que, durante el primer milenio, al menos, convivieron con los cultos religiosos tartesios, las deidades naturales íberas, el panteón de los dioses romanos y las dos florecientes religiones monoteístas (cristianismo y mahometismo)

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3.- Sephardim: los judíos de Sefarad

La presencia de los judíos en la península ibérica abarca catorce siglos. Para narrar la primera mitad de este tiempo hay que remontarse al comercio del Rey Salomón con la ciudad de Tarsis (S. X a.e.c.) o a los contactos comerciales con las colonias griegas, cartaginesas y fenicias, fundadas en las costas del Mediterráneo. No es hasta época romana (S.II) cuando encontramos pruebas arqueológicas que certifiquen la presencia hebrea.

Se cree que los primeros judíos llegaron en tiempos del primer Templo hebreo (953-586 a.e.c.). Parece lógico pensar que los judíos se establecieron en las ciudades costeras más dinámicas y tolerantes por los intercambios comerciales. Para ello se asentaron en las colonias fundadas por los fenicios, en las costas del sur peninsular. Hacia el siglo IV, según está documentado, las comunidades judías ya estaban establecidas por toda Hispania.

En el edicto de Milán (313), el emperador romano Constantino I se convierte al cristianismo haciéndola religión oficial del Imperio Romano. La Hispania romana no sería una excepción, aunque parece ser que los judíos que ya habitaban la península siguieron gozando de tolerancia de culto, debido a la tradición romana de asimilar religiones en su conquista de territorios.

Los siguientes mil años, los judíos convivieron con romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, culturas que sistemáticamente intentaron imponer su religión dominante, forzando así conversiones con mayor o menor éxito. Todos lo intentaron: los romanos en el 391, los visigodos en el 589, los almorávides en 1090, los almohades (en 1146 y 1231), hasta que finalmente en 1492 la hegemonía cristiana sobre el territorio cambia todo para los judíos y musulmanes habitantes de la península, imponiendo la conversión si se quería evitar la expulsión.

Durante los catorce siglos que los judíos habitaron en Sefarad, la cultura sefardí cambió significativamente, llegó un pueblo de mercaderes y fue expulsado un pueblo de filósofos (phylos: amor, sophia: sabiduría). Es indiscutible que hicieron del saber y la formación en las universidades un activo valiosísimo. Ser los mayores expertos en negociación, idiomas, medicina, matemáticas, cartografía, etc., les abrió las puertas de las élites políticas siglo tras siglo, Abderramán III o Alfonso X fueron algunos de los más destacados.

Una élite de protegidos reales (patrimonio de la corona), los judíos que hasta ahora habían sido consejeros reales, escribanos, cronistas, recaudadores, prestamistas, banqueros, médicos… deberán convertirse al cristianismo o exiliarse. Lo mismo que miles de judíos de todos los estamentos sociales y profesiones más modestas. Esto supondrá para el mundo judío un antes y un después en la historia de Sepharad. 1492 será el momento sin retorno en la historia del pueblo judío que habitaba en los diferentes reinos de la península. Una frontera en el tiempo que marcará para siempre la vida política, económica, social y sobre todo religiosa de Sefarad.

La filosofía creada por sabios nacidos en Sefarad, como Maimónides (S. XII), Isaac ben Jacob Campantón (S. XIV) o Joseph ben Ephraim Caro (S.XV) contribuyeron significativamente a cambiar y evolucionar la cultura hebrea, el estudio talmúdico y la cabalística.

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4.- 1492, el comienzo de la Diáspora sefardí

El Edicto de Expulsión contenía cláusulas abusivas que claramente beneficiaron a la clase alta, nobles y, sobre todo, al clero. Supuestamente todos ellos cristianos viejos. Aunque teóricamente los cristianos debían permitir que los judíos vendieran sus propiedades en términos equitativos, curiosamente al mismo tiempo se prohibía a los judíos llevarse consigo metales preciosos o joyas. El exilio acarreó pagar elevados costes de transporte y exponerse a los peligros del camino. La salida simultánea al mercado de tantas propiedades y de gran calidad hundió los precios. En muchos casos las propiedades eran cambiadas por animales de carga.

La historia nos relata que siglos después los hijos heredaban de sus padres las llaves de las haciendas que habían dejado en Sefarad. Como único legado se llevaron la lengua (el ladino o judeo-español) y los recetarios gastronómicos, que generación tras generación iban pasando de madres a hijas, hasta nuestros días. «En definitiva e irónicamente, la expulsión no logró sus fines más ambiciosos: -se quiere erradicar una creencia, no un pueblo, si bien con el Edicto se produjo un fenómeno inverso: la permanencia del judaísmo en forma de criptojudaísmo y el destierro de los israelitas-. Ni que decir tiene que la historia oficial contemporánea afirmó justamente lo opuesto».

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5.- La Inquisición

Y para velar por la pureza de las nuevas conversiones se creó el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, que fue la encargada de investigar, perseguir y sentenciar a herejes, blasfemos, luteranos, bígamos, brujería, etc. La diferencia de la Inquisición española con respecto a la europea es que en España el Tribunal dependía del poder político (los Reyes Católicos) y no del Papa de Roma (Sixto IV). El Santo Oficio en España, durante los 356 años de existencia (1478-1834), procesó entre 125.000 y 150.000 personas. Sentenciados por judaizar o falsos conversos un 10 %. Procesados no quiere decir que fuesen condenados a muerte (a la hoguera), ya que la mayoría de sentencias fueron sanciones económicas, incautación de bienes o galeras. Algunos investigadores sostienen que fueron ejecutados en la hoguera un 4 % de los condenados.

En total una cifra difícil de calcular en torno a 5.000 ó 10.000, curiosamente algunos en esfinge (se quemaba una figura representando al reo). Se puede afirmar que la gran condena fue el estigma social y el sambenito que persiguió a todos los conversos a lo largo de generaciones, como ocurrió con los xuetas en las islas Baleares.

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6.- La reconquista: la oportunidad para ganar honor y riqueza

Durante el largo periodo (siete siglos) de la mal denominada «Reconquista», cuando realmente fue una conquista, se ensaya una estrategia bélica y a la vez de consolidación del territorio mediante fuertes movimientos migratorios de población.

La singularidad de la península ibérica como territorio expuesto largo tiempo a guerras, asedios y epidemias (como la peste) genera una escasez de población y de recursos. Por esa razón se hace imprescindible expulsar a los habitantes o convertirlos en vasallos del poder Real. Fue más tarde (a partir del siglo XII) cuando las conversiones también son religiosas. A priori, parece una decisión lógica del conquistador, sin embargo, lejos de esta simple idea del destierro hay un entramado ideológico, social y económico con una coartada religiosa.

Mientras la población era escasa se toleraron las libertades religiosas, ya que los judíos, además de contribuir con su trabajo y el mantenimiento de la sociedad, aportaban grandes beneficios económicos a las arcas reales.

La conquista tiene dos efectos: el estático que significa colonizar y posibilidad de obtener botín, ganado, riquezas y vasallos que cultiven la tierra propiedad de los nuevos dueños. Conquistar (guerrear) lleva implícita una parte dinámica, la de correr aventuras. Este concepto aventurero es muy considerado en una sociedad dominada por las órdenes militares, donde las oportunidades de ganar honra y valer más se convierten en la ambición de la sociedad medieval (cristiana y musulmana), basada en la conciencia del honor y los límites que imponía el rango. En tiempos de guerra, el honor y las riquezas se ganaban con la espada, en consecuencia, un rápido ascenso en el estatus social.

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7.- La Sinagoga, vertebradora de la vida social y religiosa

En la sinagoga o en los edificios anejos se podían encontrar una serie de instituciones socio religiosas fundamentales para dar servicio a la comunidad judía: la sede del tribunal rabínico, el baño ritual (mikvé), el hospital y el hospicio para acoger a los viajeros. La sinagoga era el primer lugar que visitaba cualquier judío forastero cuando llegaba a una población. Allí encontraba refugio y asesoramiento.

También funcionaba como punto sobre el que se articulaba el urbanismo de la judería y su configuración jerárquica. La clase pudiente sefardí de la ciudad disponía de asiento en la Sinagoga Mayor y también construía su residencia cerca de ella al igual que todas las personas implicadas en su funcionamiento, como el escriba, el cantor y el rabino.

La lectura de la Torá y su estudio se realiza en la sinagoga, pero la vida religiosa de los judíos continua en muchos actos privados y cotidianos que son acompañados de oraciones y bendiciones (berajot) de agradecimiento a Dios. Muchos de ellos relacionados con las costumbres gastronómicas y las celebraciones en la mesa.

La vida social en las sinagogas era muy dinámica y trascendía lo religioso. Allí se cerraban tratos, se hacían negocios, se concertaban matrimonios, incluso se podía descansar en ella. La sinagoga no era un espacio sagrado al estilo de las iglesias cristianas y se puede considerar un lugar tan social como religioso.

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8.- La aljama o Judería

«La aljama (del árabe:”reunión”, referida tanto a judíos como a musulmanes) tiene jurídicamente un estatus de asociación, y está representada por un responsable, que sirve de intermediario entre los judíos y las autoridades; y aunque una de sus funciones es recaudar impuestos y tasas, también goza de privilegios, como la posibilidad de practicar su religión y arreglar por sí mismos sus asuntos internos, entre otros, los relativos a impuestos y la solución de litigios en materia religiosa, que eran juzgados por un tribunal rabínico.

Estas comunidades judías elaboraron en diferentes ocasiones acuerdos con carácter de ley que regulaban la vida judía de esa comunidad en su ámbito privado y público; son las tacanot (taqqanot) -estatutos-, que permitieron actualizar las normas legales de conducta según la tradición y aplicarlas a situaciones sociales nuevas. Con frecuencia estas tacanot eran adoptadas por otras muchas comunidades….

La administración de las aljamas requería de una serie de cargos públicos que desempeñaban diversas funciones. La máxima autoridad, desde Alfonso X, era el Rab Mayor de la corte, cargo otorgado directamente por el rey a un personaje de reconocido prestigio…. Las aljamas, por su parte, corrían con los gastos de otros funcionarios públicos, como el Rab…, el dayyán o juez, sofer (escribano) o hazzan (cantor), incluso el cargo de maestro (melamed), otro cargo importante en las aljamas era el tabaj, o matarife…». Fuente: Derecho Judío. Dª. Amparo Alba (ISBN: 84-95215-76-4).